¡VUELA ALTO CARMELITA!

Conocer a Carmen Salinas, era toda una experiencia, pues no sólo estábamos cerca de un ícono del cine mexicano, teatro, imitación, teatro musical, la música, sino también de un gran ser humano que te abría las puertas de su corazón y casa.

Recuerdo, que en una ocasión caminábamos por los pasillos de Televisa: Ana María Abad y yo, cuando la vimos y la saludamos, de inmediato nos pregunto “¿A dónde van?, le dijimos a comer doña Carmelita y nos dijo ‘no, no se van a ningún lado, el Chato nos está esperando, vámonos a la casa a comer, una comidita casera, les va a gusta”.

Aceptamos su invitación e iniciamos la aventura de escaparnos del trabajo por un medio día, al llegar a su casa nos mostró su hogar y junto a ella hicimos un recorrido por el lugar lleno de historia, anécdotas y recuerdos que nos compartió orgullosa, nos enseñó todos sus reconocimientos que a lo largo de su destacada trayectoria le otorgaron y nos compartió los exquisitos olores de su colección de perfumes.

Después nos invitó a la mesa y al tiempo que disfrutábamos de la comida, nos contó una y mil aventuras que vivió en el cine, teatro, televisión, nosotros emocionadas al igual que ella disfrutamos y escuchamos en silencio, pues agradecíamos que nos compartiera de esos momentos.

Doña Carmen, era así de sencilla, no sólo compartiendo el pan y la sal a veces en su casa, otras en la Casita de la Sopa, unas más festejando en fin de año con la prensa, llenándolos de regalos, estando pendiente de su salud y apoyándolos en todo momento.

Al igual que a su compañeros actores, bailarinas, vedette y comediantes para lo que siempre estuvo y antes de que le pidieran una ayuda, ella ya estaba apoyando.

Carmen Salinas era y fue “Aventurera”, una cosa eran las estrellas en turno que interpretaban a Elena Tejeda en el escenario y otra ella, todo mundo festejaba su actuación, sus monólogos que iban al día con los sucesos cotidianos y políticos de México y no se le escapaba nadie.
Lo mismos políticos, personalidades de los espectáculos y la comunicación que subían a bailar con ella y así todos cabían en el show de “Aventurera”, un musical al que por lo menos fuimos una decena de veces a disfrutarlo, y entre broma y broma todos decíamos: que ya no sabía los textos, poco nos falta para subirnos al escenario.

Incursionó en la política, hizo su labor pesé a la críticas, ayudo a mucha gente sin pregonar, apoyando al que debía y eso sus detractores lo desconocían, pero a ella no le importaba aclarlo.

Sin duda Doña Carmen representó a los mexicanos en cada escenario dónde se paraba y llegó hasta Hollywood actuando junto a Denzel Washington y otros, esa era la grandeza de mujer tan talentosa.

Hoy, es inevitable sentir que nuestro corazón está triste y llorando, porque muy en el fondo deseamos verla salir del hospital diciendo: Qué hacen aquí bombos, porque tantos días aquí, no se malpasen.

Así era ella, hoy ya está junto a Pedrito, su hijo, su inseparable Chato. Qué en paz descanse y a su familia y amigos Dios les dé una pronta resignación.

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