NEGRA ES LA NOCHE


El Museo Carmen Thyssen de Málaga presenta grabados seleccionados para está exposición Negra es la noche en la que se despliega un submundo en blanco y negro, noctivago, canalla, sórdido, inquietante e irremediablemente cautivador, que arrastra al espectador al reverso tenebroso de lo real, explica Lourdes Moreno curadora y directora artística del museo.

Los 34 grabados que proceden de la Colección Museográfica de la Universidad de Cantabria, presenta en la Sala Noble del museo, el universo más canalla de la mano de los artistas: José Gutiérrez Solana, Pancho Cossío y Francisco Bores.

Moreno explica que este encuentro creativo único en el que la pinacoteca malagueña ha reunido de forma inédita la obra gráfica de estos tres artistas, protagonistas del impulso modernizador en el arte español en las décadas de 1920 y 1930.

A través de una treintena de xilografías, aguafuertes y litografías, el espectador se adentrará en un submundo en blanco y negro, reflejo de las temáticas de la llamada España negra de la época, en el que subyace una iconografía oscura y truculenta que sorprende por su modernidad estilística y los protagonistas, personajes y entornos marginales que retrata.

Considerado por muchos un raro en el panorama de la primera vanguardia española, Solana fue, sin embargo, un referente para jóvenes artistas como Cossío y Bores, con quiénes coincidió en el Madrid en plena efervescencia cultural de los años veinte. Sus aguafuertes y litografías reproducen, casi sin excepción, sus singulares obras pictóricas, retazos de la crónica de un costumbrismo arrabalero de raíz goyesca que se filtra en el arte moderno.

De Cossío se exponen ocho de las xilografías con las que el artista ilustró en 1923, aún en sus inicios creativos, Hampa. Estampas de la mala vida, un libro de poemas, canallas, del periodista y escritor santanderino José del Río Sáinz, Pink. Fue, según recordaba el propio Pink, la primera aproximación de Cossío al grabado, en el que se había iniciado a instancias de su amigo Bores aquel mismo año en el que también realizaría su primer viaje a París.

Las xilografías de Francisco Bores, aunque editadas póstumamente en 1977, fueron realizadas en los años veinte, cuando el artista estaba inmerso en el ambiente del ultraísmo madrileño, una de las primeras apuestas por la renovación en clave vanguardista del arte y la literatura española del siglo XX.

El mundo en el que se sumergen en estas obras Solana, Cossío y Bores recoge el testigo, en los años de la primera vanguardia española, del retrato de la España negra que fascinó a tantos artistas y que tiene en Goya a su máximo exponente. Y lo hace de una forma muy directa, cruda y sincera, sin juzgar lo que se muestra. Los fuertes contrates entre el blanco y el negro y las formas recortadas con dureza sobre las planchas refuerzan el aspecto sórdido y marginal del entorno que describen”, explica Lourdes Moreno.

Destaca que el resultado es “sorprendente y fascinante, de una gran modernidad en la España de la época y emparenta a nuestros artistas con lenguajes de vanguardia como el expresionismo”.

Negra es la noche representa la cara oculta de los nuevos realismos españoles del período de entreguerras. Y se confrontan en la sala tres nombres capitales de la modernidad en el arte español, autores con personalidad muy diferente entre sí.

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María Esther Beltrán Martinez
Fotos: J. Carlos Santana

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